Muchos nacen con una vocación escrita en la frente, a mí
siempre me decían que sería médica o abogada, vocaciones que jamás aceptaría.
Creo que a mis tíos les gustaba soñar en grande o simplemente proyectar sus
sueños frustrados en mí, no los culpo, la vida era más difícil en sus tiempos.
La realidad es que unos años atrás, descubrí que quería ser
artista. Sé que no es una vocación seria, y mucho menos algo que uno elige así
porque si de un día para el otro. Creo que cuando me detuve a observar el
arcoíris por primera vez, pero no solo ver, hablo de mirar, y ver más allá de
la simple imagen que se proyecta en el cielo, entendí que el mundo es tan bello
y hay tantas cosas hermosas en él. Las personas de hoy son tan complicadas, no
ven, no miran, no sienten, no aman. Yo no soy como ellos. Soy distinta y a
veces eso es un castigo.
Desde ese momento me dedique a ver el mundo más allá de la
simple imagen, amo ver más allá. Todo me apasiona, me pone las emociones a flor
de piel. Me declare una artista, pero había un problema con eso, no me
destacaba en ningún campo artístico. Me encantaba leer acerca del arte que
había en el mundo, puedo decir que llegue a conocer cada pequeño detalle de las
obras de artistas muy famosos, pero eso no era suficiente porque necesitaba dejar
una huella en el mundo o simplemente decir “aquí pase yo”. Pasaron años y aprendí
a dibujar, pero no era muy original, solo podía imitar lo que me ponían en
frente. Aprendí a pintar, escribía poemas todo el tiempo, incluso me la pasaba
viendo programas en la televisión de tatuado res y de decoración de interiores.
Para mí, cada rincón del mundo representaba arte.
En esos tiempos descubrí mi pasión por el reciclado, me la
pasaba recorriendo los mercados de pulgas en busca de objetos para reciclar,
sacando ideas exprimiendo mi cerebro al límite. La gente no entendía a que
extremos estaba llevando mi vida y mi futuro, la verdad es que siempre sentía
que nada de eso era suficiente para mí.
A veces las mejores ideas surgen de las noches de insomnio,
fue entonces cuando me di cuenta que no estaba todo perdido, yo era una
artista. Yo amaba el arte de vivir y hacer al mundo más hermoso, siempre viendo
el lado bueno aunque no lo haya, incluso cuando hay más razones para llorar me
gusta reír y hacer reír. Soy una artista de la vida, amo el arte de vivir y
llenar de alegría a los corazones de los demás, con un simple chiste una
persona puede ser feliz durante todo un día. Y yo lo tenía muy en claro.
Tarde unos meses en pensar cómo organizar mi vida
incorporando todos estos pensamientos, al fin decidí crear un circo, ser un
payaso y viajar por los pequeños pueblos sacando una sonrisa a los niños, pues
no había droga más hermosa para mí. Realizaría ese viaje espiritual en busca de
placer emocional que sabía que recibiría cada día. Me dedicaría a pintar y a
escribir historias para contar cuando regrese. Muchos no me entendían, pero no
todos somos iguales, algunos vivimos la vida al máximo sintiendo cada emoción
con pasión, y no con sentimiento. Las personas solo viven atrapadas en sus días
de estrés y yo no quería ser como ellos, soy una artista y un artista es aquel
que embellece al mundo con lo más simple que hay en él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario