Tal vez hay momentos en los que tu vida se detiene un
instante, donde todo parece aclararse, donde deja de ser nítido y se vuelve de
un color suave como aquellas primaveras color pastel que sinceramente no vienen
al caso, mi mundo se detuvo cuando la conocí. Sentí como congeniábamos con solo
un abrir y cerrar de ojos. De sus ojos, con esas largas y erguidas pestañas que
parecían salida del más hermoso sueño que alguna vez supe tener en mi niñez.
Su pelo era alborotado como si el viento otoñal la hubiese
despertado y no hubiese tenido tiempo de mirarse al espejo, porque realmente
nunca lo hacía, era ese tipo de chica a la que no le importa como luce y como
la ven los demás. Era alguien que podía caminar descalza en la lluvia y aun así
creer que tenía un buen día. Porque así era ella, llena de vida y con toques de
inocencia que sabían llenar de pecas sus pálidas mejillas, su tez era tan
blanca y tan semblante que no me alcanzaría tinta ni papel para terminar de
captarla, porque su viveza me lo impedía.
Ella era una niña y una mujer a la vez con una extraña combinación
que extrañaba al más aventurado observador, era casi imposible no enamorarse de
ella. Salvo el, que jamás la miraba, tal vez por miedo tal vez no llegaba a sus
ideales de belleza en una mujer, tal vez, si solo tal vez la amara su mundo sería
menos triste y menos vacío.
Su vida era “normal” lo cual para mi es sinónimo de
aburrido. Tenía cualidades innegables que hacían del aúna persona totalmente
irresistible. Podía recordar cosas que nadie jamás podía, amaba los buñuelos y
las tardes de verano. Ir a la pradera, y en medio de los incontables campos
abrir los ojos y volar como si fuese un pájaro dejándose ser, ser uno con la
naturaleza y el sol. Le gustaba creer que en sus vidas pasadas había sido
alguna especie de ave de rapiña. Cosas de la vida. Locura de ciertas personas,
que las hacen especiales y únicas. Por más que amase a esa pequeña niña-mujer,
ella lo quería a él y no podía permitir que sus ideales de amor no se cumplan, moví
cielo y tierra para que se enamoren, llegando a ser una pareja tan hermosa e
irresistible a la vista parecían hechos el uno al otro, cosa que jamás pude
experimentar. A veces lamento haberlo hecho y luego recuerdo aquel día en que
nos descubrimos como hermanos por cosas de la vida, de nuestros padres, de sus
errores, de mi vida, de todo ese tipo de cosas que a veces me cuestan tanto
decir. Ella jamás lo supo y jamás lo sabrá. Mi vida dejo de ser oscura cuando
la encontré pero esa nitidez me cegaba al punto de ya no quererla presente en mí,
en mis días. Ahí el amor, tan loco. La vida, todo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario