Nunca creí que escribir fuera esencial, hasta que escribir fue mi unica opción para ser feliz..
Frida
Viva la vida
jueves, 12 de marzo de 2015
No vino, nunca llegó
Mientras esperaba aquel tren me preguntaba si hacía bien en marcharme, no quería irme, eso era lo único claro que había en mi mente. Tal vez el hehco de que tenía el corazón roto tenia mucho que ver en eso, pues uno sólo accede a los saberes del universo cuando está triste y lo que le sobra es tiempo para pensar sobre lo que hizo mal en ese lapso de tiempo. No quería dejar mi hermoso y bello Santiago, pero las circunstancias me obligaban, mientras esperaba en la terminal de trenes en la cuna de poetas y cantores, bella ciudad de La Banda, tantos recuerdos afloraban en mi mente, tal vez sólo era el hecho de que los Lapachos estaban floreciendo y eso me ponía todo de color rosa como aquella bella y dulce flor que tantas veces había estado presente en mis romances y en mis desventuras por las calles de aquel tan hermoso pueblo en transición. Tal vez esperé que fuera él, tan gigante en cunato a personalidad pero tan pobre de corazón, la vida no es cómo las películas, el galán no siempre aparece en el momento exacto, en este caso sabía que nunca aparecería, todavía recuerdo cuando lo conocí en la terminal de omnibus en Santiago pero todo era tan lejano, aquellos helados a orillas del Río Dulce ya nada significaban, en su momento parecían eternos al igual que el amor que comenzaba a aflorar en nuestros corazones, pero la realidad lamentablemente era muy distinta. Él nunca apareció, me sentí apenada, nunca le había contado lo que yo una vez había hecho por él, se estaba yendo de nuevo a su provincia mientras yo estaba en una reunión muy importante en la plaza Sarmiento cerca del Club Mitre y el tan añordo 8 de abril, me escapé y corrí lo más que pude para llegar a despedirlo y conseguir un abrazo o algo más según como transcurriera todo, pero hice un mal calculo y cuando llegué ya no estaba, como así lo nuestro que nunca había llegado a ser nuestro se perdió en aquellas paredes de la terminal donde todo había comenzado tiempo atrás, no culpo a las casualidades o al destino, sólo la vida no es una película y tal vez no era para nosotros, a él no pareció afectarle en nada. Cuando volvió a Santiago lo que alguna vez existió ya no estaba, y esa fué una de las mil razones que me obligaban a irme. Solo quería mi historia, nuestra historia en las calles bandeñas, una que pudiese recordar más allá de los cortos meses que eso había durado. Pero él no vino, nunca no llegó. Y sólo me fuí en la triste espera de encontrar un mejor lugar, y a él nunca más lo ví, nosé si fue corriendo detrás de mi tren, nunca me enteré por tanto prefiero no pensarlo porque no son cosas que él haría por alguien, menos por mí. Igual siempre te recuerdo, mis labios pronuncian tu nombre cada tanto y cuando vuelvo a Santiago el viento parece susurrarme tu nombre en silencio, el aire huele a tu perfume pero tu presencia es algo que jamás volvi a encontrar.
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